Como todos sabéis —y si no, eso es que no me aguantáis en
Twitter—, mis vecinos son una joya de la Creación.
Arriba vive una familia de psicópatas que, en lugar de hablar, ladran y gruñen. Es un matrimonio ucraniano con dos niños pequeños y la madre de ella. Pero, en esta ocasión, no he venido a hablaros de los mágicos momentos que me hacen experimentar estos individuos, aunque había que mencionarlos.
Esta vez, la protagonista será la chica joven y soltera que vive abajo. Se ha mudado hace, relativamente, poco.... quizás, a finales de verano. No lo recuerdo bien, porque este año ha hecho calor hasta bien entrado el otoño.
Pues bien, esta encantadora muchachita se dedica a enchufar a
Shakira a todo volumen, a eso de las ocho de la mañana, durante los fines de semana y fiestas de guardar. De esta forma, consigue que se oiga por toda mi casa, pero con especial intensidad en la habitación.
Eso, y el hecho de repetir siempre la misma lista de canciones, me hace pensar que es una selección de
Spotify. Porque reconozco los temas de Shakira y con los que esta chica nos deleita pertenecen a discos distintos. Pero quién sabe...
La historia es que hasta mis sensibles pabellones auditivos —sí, después de las sesiones de berridos que me dan los de arriba y las de esta prójima, no es para menos— llegaron las motivaciones que la llevan a realizar semejante ritual cada mañana en que el resto descansamos.
Resulta que puedo deciros, sin revelar las fuentes —fue su madre, cuando vino de visita—, que esta chica madruga, entre semana, muchísimo —y los fines de semana, también, señora— porque trabaja en la otra punta del extrarradio. Es decir, a una hora tonta en coche. Y debe de ganar pasta, porque no hay medios de transporte a esas horas y la gasolina está muy cara.
Así que... ya que se despierta —tiene la hora cogida—, y para no escuchar las discusiones que, ¡atención!, achaca a mi casa, enchufa a la colombiana a toda mecha y se pone a hacer ejercicio.
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| Lugar donde aquí se suele ir, también, a hacer deporte. |
Tiroriríii, taririroríii... —música de
talk show—, la pobre criatura dejó su casa, en cuanto pudo, porque sus padres mantenían acaloradas discusiones. En realidad —versión de la madre—, el padre lo dice todo a gritos y tiene un carácter explosivo que hace ignición por el más mínimo contratiempo. Así que, como arriba vive una jauría que se pasa el tiempo agarrándose de los pelos y chillando, ella intenta neutralizar ese ruido con otro sonido más armónico.
Además... como sufre de sobrepeso —¿será debido a las carencias afectivas por parte de sus progenitores?—, hace gimnasia siempre que le es posible. Con lo cual, deduzco que a estas alturas debe de parecerse a
Vin Diesel.
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| Se quejará... |
Lo que esta chica no sabe, ni su madre parece haberle contado tampoco, es que los que dan esos gritos son los ucranianos —a los que ella se une para atormentarnos— y que, ahora, vive en un sitio con un montón de espacios verdes donde es más sano hacer ejercicio.
"...y no entiendo de fútbol. Creo que, alguna vez, fui infiel. Juego mal hasta al parqués y jamás uso reloj. Y, para ser más franca, nadie piensa en ti como lo hago yo."