Como siempre, vienes por Reyes y, de pasada, te traen para que hagas la visita del médico y marcharos. A mí, unos años más que otros, eso me disgusta bastante y ha sido motivo para salir o simplemente no estar cuando te traían. Pero eso es algo entre mi soberbia y yo.
Ayer fue día de Reyes.
Te viste asediada por gente casi desconocida que quería besarte, mientras te decían lo guapa y mayor que estás. Te ruborizaste, pero no dejaste de responder a todo el mundo, mientras no me quitabas ojo... Supongo que porque era la única que te miraba sin decirte nada, sin acercarse a darte un beso.
A los pocos minutos, muy seria, te saqué la lengua delante de todos, cuando nadie me veía. Parpadeaste e imitaste mi gesto con un brillito de diversión en los ojos. Ja, ¿a mí con esas? Repetición de la jugada, cada vez con la sonrisa más grande.
—¡Mamá! ¡Mamá, mira! ¡Me ha sacado la lengua!
Tu madre paró un momento de hablar con “los mayores”, te miró, me miró —siempre me ha tenido cierto respetillo— y yo puse mi mejor cara de inocente. Ella volvió a mirarte, pillándote in franti.
—¡Ah! ¿Quién es la que está sacando la lengua, eh? —dije, mientras se te desorbitaban los ojos—. Lo acabas de ver, es ella, ¡es ella!
—Yo... yo no he visto nada.
—¡La tienes comprada! ¡Qué fuerte! —te dije y tú te lo estabas pasando casi tan bien como yo.
Ellas siguieron hablando de padecimientos y ellos, de fútbol, mientras tú y yo seguíamos pinchándonos desde puntos opuestos de la sala. Y, entonces, alguien te preguntó.
—¿Y tú de qué equipo eres?
—Del Madrid, claro —respondió tu padre.
—No... del Val...
—Es del Levante —no pude evitarlo—, que lo sé yo.
—¡Que no! —decías, mientras dabas saltos de indignación.
—Sí, sí, de la Unión Deportiva del Levante y le ha pedido a los Reyes entradas para ir al Ciudad de Valencia —si tú decías “el Oceanográfico” para contarme que habías visto delfines de verdad, no iba a ser yo quien hablase raro... más, sin saber.
—¡Que no, que no! ¡Que yo soy del Valencia!
—Pero si tienes un traje del Levante —te dijo tu padre.
—No, no es mío, me lo regalaste tú pero, pero ¡ni me lo he puesto nunca!
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| Nuestras manos izquierdas, hace siglos |
Cuando os marchabais, después de una larga visita de veinte minutos, te acercaste, te pusiste de puntillas y me tiraste de la mano para que me agachara a darte un beso.
A mí, en su día, también me hicieron ruborizar y pasar ese tipo de vergüenza.
¿Y a vosotros?

Que bonito es encontrar esa complicidad con un enano.
ResponderSuprimirYo ahora que lo pienso hace tanto que deje de ser niña que ya ni me acuerdo y si sigo pensando me voy a deprimir ays!!!!!
Besos
Eins??? Pero quién es?? Tienes una hija abandonada? Una prima que no ves?? Una hermana? Eeeeh... qué incógnita?? Y qué bonito relato!
ResponderSuprimirJeje, sí... Habiendo niños (si no son unos odiosos), me olvido de los mayores y me pongo a jugar con ellos. ¡Qué diferencia! Al menos, es auténtico...
ResponderSuprimirAy, pero tú crees que algunos dejamos de ser niños alguna vez?
Besotes!
Jajajajaja!! Oh, por dios, no! Has descubierto que tengo una hija secreta, las otras cinco están reconocidas!!
ResponderSuprimirMe alegra que te haya gustado :)
Muaks!
Ultimamente las conversaciones con los peque están interesantes, pero sobretodo, divertidas!! Ya me la veo con mofletes hinchados cada vez que le decías lo del Levante y ella desgañitándose toda con que no, jijiji
ResponderSuprimirY seguro le rompiste esquemas con que no fueras a achucharla al entrar, pensaría que no te importaba, pero "oh, sorpresa!" el juego estaba servido.
Un besote
Nefer, los peques siempre ofrecen puntos de vista muy refrescantes. Además, tienen un sentido del juego que ya quisiéramos nosotros, sobre todo algunos adultos que se toman todo a la tremenda y no tienen ni pizca de sentido del humor... ¡aburridos! Ni hacen bromas pesadas que no tienen ni puñetera gracia.
ResponderSuprimirNo, lo que hacía era entrecerrar los ojos, con cara de malona, igual que yo, aguantando la risa. Fue una comunicación muy visual en esa parte, cuando yo ya me había quitado las gafas de sol, jeje.
Muaks!!
PD. Cuando me agaché a darle un beso, le susurré: "Y te hubiera ganado", porque todo su afán era echarme una carrera y ganarme. O sea... jugar y jugar. ¿Hay algo más divertido?
Yo francamente odiaba los achuchones de pequeña... los besos babosos de gente que apenas conocía y todas esas cosas, por eso no lo hago jamás con ningún niño (ni con mayores, es que soy muy arisca, ya sabes.. pero vaya, tú me entiendes lo que quiero decir).
ResponderSuprimirMe revienta que traten a los niños como si fueran retrasados. Yo les hablo de manera normal y creo que ellos lo agradecen mucho. Debe ser esto lo que causa la enorme atracción que sienten por lo general hacia mí ¿¿?? pero es que no puedo evitar la de momentos bochornosos que me hacían pasar de pequeña y me niego a convertirme en un adulto petardo de esos :PPPP
(bonita historia)
Besos!
Creo que existe una diferencia notable entre cariñosos y empalagosos. Si te refieres a eso, sí, te entiendo.
ResponderSuprimirEl padre de esta niña, cuando yo tenía su edad, se ponía la mano en la cara y empezaba a quejarse. Le preguntaban todos qué le pasa y decía: "Me duele la cara del beso tan fuerte que me ha dado 'Ingrid', ay, ay..." A esas alturas, la pobre Ingrid quería desintegrarse, pero no... la obligaban a ir y darle un beso.
¿Traducción? Si no quería pasar esa vergüenza espantosa, era mejor dar el beso antes y no después.
Obviamente, esto no hace falta ni que lo diga, a mí los niños me odian desde el momento en que me ven...
Besos!!
Jeje, no saben nada los pequeñajos. Te pican, te desafían con los gestos y la mirada y cuando te quieres dar cuenta ya estás por el suelo jugando con ellos.
ResponderSuprimirYo creo que te habría ganado, jeje.
Besos.