martes 31 de enero de 2012

¿Qué hace una chica como tú...?

¿Alguna vez, os habéis preguntado aquello de “¡pero qué hago yo aquí!”? Obviamente, yo sí... a pesar de los pesares. Muchas veces.

En Lavapiés, además de un perenne olor a hierba sin jardín, nada más salir del metro hay una tienda de productos vegetarianos. La verdad es que el sitio es bastante completo, teniendo en cuenta el poco espacio del que dispone. Eso es algo típico de los locales del centro. O eres El Corte Inglés o tienes que poner puertas que se abran hacia fuera. Es una sensación un pelín angustiante, porque llenan las estanterías de productos y tienes que moverte con cuidado para no tirar nada.

Aunque no soy vegetariana —por el momento—, acompañé a otras personas que sí lo son. ¿Sabíais que no pueden comer gominolas porque contienen no sé qué historias de gelatina animal o algo así? Yo no pregunto mucho. De hecho, los interrumpo cuando se embalan, porque son capaces de darte todo tipo de detalles escabrosos y... mal que mal, una tiene conciencia... bastante inoportuna.

Así que, estando allí, empiezo a satisfacer mi curiosidad sobre ciertos campos. ¡Hay preservativos para veganos! Y tienen magdalenas de las cosas esas que hacen vomitar a los pobres perrillos cuando se las comen, las algarrobas. Además, son dignos rivales del Hacendado, porque venden el gluten por kilos.

Y, de pronto, caigo en la cuenta... Sí, sí, aquella gente no sabe si me acabo de comer un chuletón de ternera o tres hojas de lechuga mustia. Pero pueden ver que mis botas son de piel —auténtica, por supuesto— y mi bolso también lo es. E, inmediatamente después de que este pensamiento cruce mi cabeza, mis ojos van directos a un cartel que reza algo así como... “Si ya has dejado de comernos, ¿cuándo vas a dejar de vestirnos?”

La encargada de la tienda —muy correcta y nada entrometida— me mira y, de pronto, yo sólo hablo sueco. Me preguntan, me piden opinión... pero lo único que hago es encogerme de hombros, mientras pienso: “¡Me quiero ir!”.

He de decir que, en ningún momento, esta señora me incomodó, ni ella ni la gente que entraba. Lo cual, agradezco. Pero no pude dejar de sentir que aquel lugar no era el mío y que les estaba faltando al respeto. Esas personas tienen sus creencias y, al menos a mí, nunca han intentado obligarme a que comulgue con ellas... a diferencia de otras ideologías o formas de vida. Lo que hace que sean aún más respetables.

Al final, opté por salir antes de tiempo. Dije que tenía calor y me estaba mareando. Aunque no fuera por la calefacción, sino por mi conciencia... que, a veces, es demasiado dura conmigo.

9 comentarios:

  1. Yo creo que, por muy respetuosos que fueran contigo, y no hacerte comulgar con sus ideas, el simple hecho de preguntarte por qué llevabas un bolso y unas botas de piel, y hacerte sentir incómoda, culpable y fuera de lugar es ya bastante significativo del radicalismo de algunas personas.
    Y te lo dice una amante de los animales, que no prueba la carne de conejo por tener una mascota de esta especie, que tuvo su larga temporada ovo-lacto-vegetariana, por conciencia animal (la tuve que dejar porque no me fue nada bien, estaba débil y encima, engordé 5 kilos), que detesta todo tipo de maltrato animal, que está en contra de la caza, la pesca, etc, que recicla, que intenta ahorrar agua y energía...
    Pero vamos, hay cosas que ya rozan el radicalismo.
    Necesitamos proteínas de origen animal para nuestro desarrollo. Y eso es así. Vale que podemos vivir sin ellas, pero hay que buscar sustitutos que resultan muy caros y que no son lo mismo.
    Luego, esta gente no sabe que la depredación y el consumo de carne es algo perfectamente presente y normal en la naturaleza? Muchos animales son carnívoros u omnívoros, y para alimentarse han de matar a otros. A un león o a un lobo, diles que pobre gacela y pobre oveja, que mejor se coman a una hamburguesa de tofu y a ver qué les parece...
    Es que, de verdad... Vale que el ser humano se pasa muchas veces en el uso o abuso que hace de los recursos naturales. Quizá haya que controlar el consumo abusivo de carne, controlar que los animales que se crían para el consumo vivan en condiciones saludables y que el sacrificio no sea una tortura.
    En fin, opiniones hay para todos los gustos. Pero yo creo que los radicalismos, del tipo que sean, nunca son buenos.
    Supongo que después de aquel episodio, a ti que no te esperen en la tienda vegana, no? ;)
    Besos!

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    1. No, nadie me preguntó por qué llevaba cuero. La neura me entró a mí sola... Igual hay personas que sí se han encontrado un activismo radical en este campo, pero yo tengo que decir que jamás se ha comportado nadie así conmigo. Ya te digo, quizás he dado con el sector más pacífico. Imagino que habrá de todo.

      Más o menos, sé cómo funciona... Las proteínas las obtienen de las legumbres y si es necesario, toman pastillas que suplen esas carencias.

      Jajaja, pues no sé... no me animo mucho, la verdad. Pero si quieres, un día te llevo... y te espero fuera.

      Besos!

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  2. Yo (bueno, mi culo) quisiera ser vegetariana... Pero jamás sería capaz de renunciar a un chuletón a la piedra, un solomillo al foie, gominolas y guarradas varias. Con lo de no vestir piel no tengo problema, básicamente porque jamás podría pagar algo de piel auténtica.

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    1. Jajaja, Cristina, a mí me pasa igual... pero al revés. Prefiero un plato de pasta (¡que engorda más!) a cualquier cosa de las que tú nombras. Pero... tengo que llevar zapatos de piel, porque si no, mis pies se declaran en huelga. Vamos, me hacen rozadura todos los zapatos que no sean "buenos". No puedo usar plástico... Una vez, volví a mi casa con las sandalias en la mano y chorreando sangre. No te digo más.

      Un beso!

      PD. En el caso de las gominolas, ellos tienen unas especiales en las que no utilizan nada animal.

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  3. He probado esas gominolas. No te cuento el efecto laxante que causaron en mí porque sería muy escatológico.

    A mí con los zapatos me pasa algo curioso. Da igual que sean buenos o malos. Me hacen daño todos. Sobre todo las sandalias de verano. Yo voy comprando y comprando y mi madre heredando y heredando. Antes procuraba que fueran buenos, pero después llegué a la conclusión de que da igual que cuesten 150 que 20, me machacan los pieses!!

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    1. Bueno, entonces eso sí es un problemilla... ¿Y qué haces con los zapatos? ¿Ni siquiera esos de 24horas?

      Lo que me hubiera faltado... No hacían más que insistirme para que tomara gominolas de esas y yo "no, que dan sed...". Si hubiera sabido que daban otra cosa, ¡ni sujeto la bolsa!

      Besos!

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  4. Entonces, cuando me decida por fin a pisar un supermercado ecológico (ya que el simpatico de mi cuerpo me está empujando a ello), te vienes, no? fliparemos juntas con las pizzas que llevan otro tipo de cosas para que pueda comerlas, los suavizantes sin olor, los productos de maquillaje que cuestan más que marcas reconocidas porque son ecológicos, etc... Si te sirve de consuelo, patinaríamos las dos en un sitio como ese, jajajaja

    Besotes

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    1. Claro, yo voy... Siempre se aprenden cosas nuevas. De todas formas, conozco las zonas de comida vegetariana de las grandes superficies. Lo de los chorizos de soja no termino de comprenderlo bien, pero... es lo que hay.

      Besotes para ti también!! :)

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    2. Chorizos de soja? "mas matao" oooiiinnchhhhhhhh... Yo es que a un buen chorizo ibérico no renuncio así se me funda el estomago XD jajajaja

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