jueves, 23 de febrero de 2012

¿Hablar o callar?


Desde el momento en que pasé de leer blogs a escribirlos, fui consciente de cuán fácil era localizarme. Por eso y por otras razones, en un principio, evité exponerme demasiado. Aún ahora, sé lo sencillo que sería para muchos de vosotros averiguar lo que todavía desconocéis de mí en cuanto a datos de formulario básico.

Tampoco soy una chica Facebook, ni Myspace y, aunque utilice Twitter, no aparece ninguno a mi nombre. En LinkedIn sí estoy —por curiosidad—, con un perfil de hace varios años que jamás volví a actualizar, pasados unos días. Pero ni siquiera están mis apellidos, sólo las iniciales.

Sin embargo, desde siempre he tenido una especie de imán para encontrarme cosas que preferiría ignorar. De hecho, mi madre ha dicho toda la vida aquello de “si hay algo raro, ya sabemos quién se lo va a encontrar... nada más llegar”.

Y esto no es un intento de justificarme por lo que voy a contar a continuación. Le pese a quien le pese, no lo busqué. Sencillamente, lo vi. Aunque sí, reconozco que a esa parte de mí a la que tanto le gusta jugar —de la que os he hablado en varias ocasiones— no pudo o no supo detenerse lo suficiente a tiempo como para ignorar lo evidente. Hube de ver algo que me provocase impacto para conseguir asustarme y parar.

Qué se le va a hacer, soy así.

Hace unos meses, mirando el sitio de alguien y en mi labor de encontrar lugares nuevos donde participar, pinché en un enlace, de ahí a otro y di con un dato —a primera vista— que, relacionado con otro reciente, abría la puerta a nombre, apellidos y fotografías.

No supe cómo reaccionar —¿callaba o advertía?— y, en mi conmoción, pedí consejo a quien es ahora un buen amigo 2.0. Él me ayudó y conseguí avisar a esta persona para que actuara en consecuencia. Sin embargo, la reacción, desde mi percepción, no fue excesivamente positiva.

Pocas semanas después, debido a mi desconocimiento de este mundillo, investigué cómo solventar una cuestión que no tenía demasiado clara. Fui a distintos blogs y, de nuevo, a éste. Hice un click y ahí estaba el nombre completo otra vez. Pero, en esta ocasión, el camino era más corto y daba acceso a direcciones físicas. Volví a alertar y la reacción —siempre según mi percepción— fue incluso más desagradable que la primera.

Vale, pero mi conciencia estaba tranquila.

Días después, dado que Vaguería es mi segundo nombre y, por ello, suelo suscribirme a los comentarios, me llegó al correo una respuesta con la cuenta seria del autor de un blog estupendo. Se lo comenté y él, demostrando su habitual sentido común, reaccionó muy bien. Fue educado, amable y trató el tema con bastante humor. Lo dicho, un encanto.

Quizás, un mes después, me tocó escribir un correo a otra autora, preguntándole si era consciente de que si alguien decidía contrastar los datos que había dejado en su última entrada, se podría obtener su dirección, sus números de teléfono móvil y otras cosas.  ¿Su respuesta? “No me busques, te lo doy yo”. Eso no me hizo sentir bien, porque yo no había buscado, sólo comentaba en privado la posibilidad de que otros sí lo hicieran. Ahora sé que ella es así, un chorro de energía.

Sin embargo, una semana más tarde, le dije “¿Tú te has dado cuenta de que si alguien mira esto de tu blog y sabe lo otro, van a deducir lo de más allá?” Lo quitó, pero me dijo que con esos datos tampoco se podía ir a ninguna parte. “Googleame, anda, verás...”. Y sí, vi, vimos... Me lo agradeció, aunque me dio la sensación de que se sentía en inferioridad de condiciones.

Ha ido pasando el tiempo sin que volviera a suceder nada de esto. Lo cual me alegra, porque suele provocarme cierto malestar y las respuestas no son del todo... a mi gusto, por así decirlo.

Pero... hace relativamente poco, me llegó un mensaje con un enlace directo —por error de esta persona— a una página donde había varias imágenes suyas y de otra gente. De nuevo, se presentaban ambas opciones, callar o avisar. Y, aun a riesgo de convertirme en portadora de noticias desagradables, hablé. De forma privada. ¡¡Pero no me creyó!! Y empezó a comentarlo de manera pública. Hasta que la duda fue más intensa y me hizo caso. Ya está solucionado —no busquéis—, afortunadamente.

En esta ocasión, tampoco sentí que la reacción fuese positiva, aunque bastante lejos de la del primer caso. Comprendo que no le ha de hacer gracia a nadie, que tiene que ser un palo tremendo y hasta entrarte mucha “fatiguita”, pero yo sólo señalaba lo obvio, intentando que ninguno tuviera problemas ocasionados por eso.

Me pregunto si actué bien, si hice lo correcto. En cada uno de esos momentos, sentí que así era. Pero, luego, la sensación que obtuve no fue agradable en todos. La verdad es que a mí me llegó más bien una especie de reproche implícito, como si me hubiera entretenido buscando y hurgando.

Quizás, hubiera sido mejor callar... dejar que otros hablasen y quedar bien o, por lo menos, no tan mal. Y, además, mi palabra no se hubiera puesto en duda por nadie.

No lo sé...

8 comentarios:

  1. Supongo que es complicado decidir qué hacer. Si tienes cierta confianza con esa persona, lo correcto es lo que hiciste y seguro que ellos/ellas te lo agradecen.
    La que se enfadó tanto, seguro que es una siesa manía. Ni caso. Tu conciencia está tranquila porque hiciste lo que creíste correcto y encima con toda la buena intención del mundo.

    Besitos Ingrid!!!!

    ResponderSuprimir
    Respuestas
    1. Ingriiid! Creo que, al final, seguiría tomando las mismas decisiones. Porque me ha pasado varias veces y siempre he vuelto a actuar de la misma manera.

      La persona que se enfadó vive con su conciencia y yo, con la mía, que me deja dormir muy tranquila por las noches.

      Muaks!

      Suprimir
  2. Yo no me lo pienso, yo lo digo!! eso sí, educadamente. Pero si la/el individua/o me contesta borde mi respuesta no suele ser ir embadurnada de miel: "Si piensas que eres demasiado interesante como para que yo alla perdido mi tiempo en chafardearte, siento comunicarte que únicamente te lo he comentado para que nadie más tenga la mala suerte de saber más de ti de lo que ya tenemos bastante que soportar". Haciendo amigos por todos lados, jijiji

    Recuerda, si en algún enlace mío ves enlace alguna peli porno mía y yo sin saberlo, avisa!! pero sólo para indagar como ganarnos un buen dinerete, qué está la cosa 'mu' mal, jajajaja

    Besitos

    ResponderSuprimir
    Respuestas
    1. Jajaja, buena respuesta! Pero... ¿sabes qué pasa, Nefer? Que todo es una percepción mía, las veces que ha sido para bien como para mal. Entonces, cuando le estás diciendo algo así a alguien, piensas que ha de ser tremendo y procuras, por educación y solidaridad, hacer el menor ruido posible...

      Aunque... pienso que en este tipo de situaciones es donde se demuestra cómo se es en realidad.

      Besos mil!

      Suprimir
  3. Mi caso es el de esos superhéroes que tienen una identidad secreta. Aunque este Clark Kent no disimula con las gafas sus pelos de simio. Sobre todo porque alguna vez comento con la identidad equivocada. Ya ves tú, qué risas.

    Si alguien se mosquea con otra persona por un error que ha cometido él mismo es que tiene un problema de perspectiva.
    Que repita conmigo varias veces: "Soy torpe". Y que agradezca la ayuda, que falta nos hace.

    ResponderSuprimir
  4. A mí siempre me ha puesto infinitamente más Clark Kent... güenorro, amable, inteligente, tímido, con sentido del humor, paciencia y buena persona, ¿qué más se puede pedir?

    Efectivamente, hay mucho problema de perspectiva, entonces, por el mundo... La próxima vez, mandaré a quien sea a la Academia, para que le des clases.

    PD. ¿Lo veis? Si es que... la educación y el encanto no se pueden disimular ni con un disfraz peludo.

    ResponderSuprimir
  5. Callar no es una posibilidad, siempre es mejor lo que a cada uno le hace sentir mejor. Nadie se puede enfadar o molestar cuando se le ayuda a evitar un problema, si lo hace tiene un grave problema de comprensión y de perspectiva como dice HombreRevenido.

    Pero ahora viene la segunda parte, no crees que vivirías más tranquila mirando para otro lado cuando ves algo raro?

    Besos, Sherlock :)

    ResponderSuprimir
    Respuestas
    1. Mmmm... imagino que sí, pero no soy consciente de estar viendo algo raro hasta que ya he visto demasiado. También te digo que si siguiera tirando del hilo, encontraría más cosas. Pero hay un punto en el que me asusto y paro.

      Supongo que tendré que asumir mi parte de culpa, en algunos casos, por no ignorarlo si sospecho que puede haber algo más, ¿no?

      Besos!!

      Suprimir

¿Y tú qué dices?