Por suerte o por desgracia, me está tocando desarrollar funciones en mi trabajo que no están dentro de mi campo, por así decirlo... Y en estas tareas me veo implicada con mucha gente, muy distinta.
Nunca me ha parecido que fuese particularmente buena en el trato con los demás. Pero a la fuerza ahorcan. Además, tiene una parte positiva. Me permite recoger información humana de fuentes diversas y eso amplía mi forma de ver el mundo, o así me gusta pensarlo.
El caso es que... la gente me habla. Y, con sus palabras, me dibujan un panorama que considero más real que el reflejado en los medios de comunicación o en la particular perspectiva de cada uno. Porque parece que nos estamos sumiendo en nuestro propio universo sin mirar a aquellos que caminan con nosotros hacia el mismo destino.
Así que me ha dado el punto y voy a intentar contaros tres casos —aunque podrían ser bastantes más—, con la pretensión de no imprimir mi sesgo personal con demasiada evidencia, aún sabiendo que no lo voy a conseguir.
Miércoles 1
Una mujer de unos 35 años. Trabaja en la redacción de noticias de un canal autonómico. Tiene un niño de 6, con nombre de príncipe troyano. Está enfermo. Letras, hipoteca, cuidados médicos. Su marido trabaja en el mismo medio.
—¿Mal, por qué? —le pregunté al verla al borde de las lágrimas.
—Porque no me han cogido para trabajar en X... Y estando como está el patio, estoy tan cansada...
—No te desanimes. Eres muy buena y, antes o después, tienen que darse cuenta. Ya verás.
—Sí... pero, mientras, están echando a compañeros a la calle. Ayer, a dos, de los fijos. Y, uno de estos días, me va a tocar a mí, no tardando mucho. Según van teniendo dinero para las indemnizaciones, van deshaciéndose de nosotros y cogiendo a chavales que se tienen que pagar ellos mismos la Seguridad Social, haciéndose autónomos, y les dan una verdadera miseria.
—Ya... —le sonreí forzadamente—, pero es lo que hay, es lo que hay.
—¿Así estás tú, cielo? —me preguntó muy sorprendida.
—Es-lo-que-hay.
Jueves 2
Un informático acomodado, rozando los cuarenta. Separado, padre de una niña pequeña. Vive con su novia.
—Sí, sí... Probablemente, me vaya un tiempo fuera de España. A Suiza.
—Anda, ¿y eso? —le preguntó una compañera.
—Por temas de trabajo, no por nada personal. En lo personal estoy muy, muy bien. Pero me han ofrecido un puesto allí. Quizás, unos seis meses. Necesito cambiar de aires, porque estar aquí es deprimente. Hay un ambiente muy malo.
—Tienes toda la razón, cómo te entiendo... —le dijo ella, mientras a mí se me disparaba la ceja hacia arriba.
—Vas por la calle, te cruzas con la gente, hablas con amigos... y todo el mundo está deprimido, apagado. Deja de quejarte tanto y aporta algo, muévete. Haz cursos, trabaja de lo que sea. No digo que te saques una ingeniería en dos años, pero de cocinero o yéndote al extranjero a buscar oportunidades.
—Sí, sí, efectivamente —le siguió diciendo ella—. Yo veo eso todos los días y pienso que muchos están así porque se lo han buscado.
—Claro, y tampoco quieren salir. Venga, dame paro, haz algo por mí, solucióname la vida.
—Pues... —intervine—, lo que yo veo son cosas muy tristes. Es muy triste ir en el Metro, a las once de la noche, con gente licenciada que vuelve de trabajar en Zara, H&M, Sephora... Es muy triste irte a otro país, dejar tu vida, para tener que volverte porque la situación allí te resulta insostenible y en casa siempre tienen una cama para ti y un plato de comida. Y eso está pasando.
—Claro, claro... —me respondió él—, está todo complicado. Cuando yo me marché de Cádiz, también me costó. Fue como arrancarme una pierna, pero salí adelante.
Viernes 3
Una mujer de mediana edad, imagino, aunque no la conozco en persona ni he hablado nunca con ella por teléfono, ha sido todo vía email. Hacía meses que no recibíamos noticias suyas. Está buscando salidas artísticas, pero no va más allá de guardia de seguridad. Tiene que mantener a su madre.
En este último correo, me volvía a pedir trabajo o algún tipo de ayuda. Había enviado el currículum a la cuenta general y, además, escribía a la que lleva mi nombre. Ambos con considerables faltas de ortografía y una sintaxis pobre.
Al principio, se puso en contacto con nosotros para enseñarnos su material. Mi respuesta fue que lo revisara, que intentase mejorarlo poniendo atención a una serie de factores que le marqué. Y cuando me explicaba su situación personal, le recomendaba que no dejara de lado sus pasiones, porque suelen ser las únicas que nos salvan en situaciones desesperadas.
No sé exactamente si esta persona estaba falta de una palabra cálida, pero empezó a escribirme, contándome detalles tristes de su vida. Y tuve que desearle lo mejor, pero ya de una forma más fría, cortante. Es una parte de mi trabajo que no me gusta hacer.
Esta vez, me aseguraba que está pasándolo fatal en su entorno laboral, donde la “maltratan”, por muy poco dinero. Pero que le hace falta porque su madre y su hermana, ahora también, dependen de ella. Añadía que necesita urgentemente encontrar otra cosa. Y poco más recuerdo, porque desde que me quitaron la conexión a internet allí, tengo que leer mis mensajes a toda velocidad.
Aún no he respondido. No sé si lo haré.
A mí, todo este tipo de cosas me conmueven, me tocan. Y me hacen pensar. ¿Qué me decís vosotros...?
Madre de Dios, espero que te paguen un plus por la peligrosidad de caer en una depresión... está muy bien que intentes ayudar a la gente, pero ten mucho cuidado, o estas cosas acabarán consumiéndote :( ¡O puedes meterte a psicóloga! Así, en tus ratos libres ;)
ResponderSuprimir¡Beeesos!
Key, bienvenida. Gracias por unirte a este grupo de santos que aguantan mis desbarres.
SuprimirA ver, yo no busco que la gente me cuente nada. Sencillamente, pregunto, más bien por cortesía, qué tal están. Y de ahí se lanzan. Los escucho, intento animarlos si creo que lo necesitan y ya está. No hago nada para cambiar su situación, ni les ayudo, puesto que tampoco me lo han pedido.
Jajaja, a psicóloga... esa es otra historia, mucho más larga.
Gracias por preocuparte por mi salud mental. :)
Besooooosss!!
Lo de los medios de comunicación me parece tan indignante que me dan ganas de llorar. Es más, yo lo sufro en mis carnes. Yo curro en la web del periódico y somos como periodistas 'de segunda'. Mientras ninguno de mi equipo no llega a mileurista (es súper triste), los 'de papel' cobran cerca de 3.000 euros o más (no exagero, no). Eso sí, ahora todo el que entra lo hace cobrando una mierda. El personal nuevo es todo a base de licenciados desesperados que se agarran a un clavo ardiendo. Eso sí, te dejan ahí abajo, sin que puedas avanzar, no vaya a ser que destaques y se note demasiado el tongo. De verdad, ganas de llorar.
ResponderSuprimirEl caso 3 me recuerda al padre de una amiga, que siempre nos toca las bowls con que él tuvo que emigrar de su pueblo y pasar muchas penas. No te jode, no te parece poca pena que yo, con 30 años, no haya avanzado nada en mi vida porque tengo una mierda de suelo y de perspectivas de futuro que no me permiten crecer? Cierto es que hay bastante gente en paro a la que no le preocupa, pero hay muchos que están sufriendo, y son la mayoría. Respecto a emigrar, yo lo haría, lo que pasa es que mi mierda de condiciones laborales no me han permitido crear un colchón tal que me permita arriesgas (joder, tía, de qué mala leche me has puesto pa empezar un lunes por la mañana!!).
Hale, voy a recuperar el 'modo zen'. Relax. Relax.
Cris, lo de los comunicadores es para echarse a llorar, pero lo del resto de profesionales no es tampoco para tirar cohetes. De hecho, tú tienes trabajo de lo que has estudiado. Imagínate estar doblando camisetas y aguantando a niñatas tontas que pagan con la tarjeta de papá.
SuprimirPor mis circunstancias laborales, ajenas a mí completamente, me toca tratar con muchos compañeros tuyos y hay una gran diferencia generacional. Pero, bueno, esto es también otra historia... porque he tenido el placer de presenciar muchas conversaciones de estas personas y las reflexiones han sido bonitas y espeluznantes.
Si eso cobran los de papel, no te voy a decir lo que me contaban el lunes de lo que cobran algunos de la televisión.
Y sí, el caso DOS a mí también me estaba tocando la moral. Fuera del trabajo ni dios me dice eso, porque me lo como con patatas. Básicamente, porque ellos sí tenían oportunidades y a nosotros nos están ahogando... el abuso y la buena vida que se han estado pegando ellos. Pero, bueno, dejémoslo...
Lo siento, no era mi intención enfadarte. Pégale cuatro collejas a alguien y ya verás qué bien te sientes.
Ommmm, ommmm....
Todo panorama en todos los aspectos pinta mal. Es cierto que salir del país sin saber que puedes encontrarte es duro, pero soy de las que creen que quien no arriesga no gana. Siempre y cuando, la situación aquí sea desesperante, ojo!
ResponderSuprimirSobre la última persona que te escribe contando sus problemas, es algo que etá necesitando mucha gente. Alguien que escuche o te lea. Llevo tiempo dándome cuenta en ese aspecto. Nada más con un "Hola!" se desencadena una secuencia de mails pidiendo auxilio que da miedo. Y no hablo de una, 2 o 3 personas; hablo de muchas. hay cada vez más gente que no tiene a nadie a quien explicar los problemas, o alguien que esté ahí...
Todo se está convirtiendo en algo triste y desesperante. No sé como acabará esto y cuando empezará a ir hacia adelante, si es que pasa en algún momento...
Un abrazote y un besito, que entre unas cosas y otras cualquier día te vemos "agotaíta" interiormente
Sí, Nefer, quien no arriesga no gana. Pero si antes era complicado irse a la aventura, ahora se ha vuelto casi una locura. La idea sería irse con un trabajo desde aquí, cosa que es casi imposible.
SuprimirNo conozco la historia completa de la vida de este señor y tampoco quiero ser prejuiciosa, pero marcharse a la "capital" a estudiar no lo hacía cualquiera. Ni lo hace cualquiera.
Y sí, lo de gente necesitada de atención... Pero no te fíes mucho. Como diría LaGata, hay mucha dramaqueen suelta.
Jajaja, otro para ti, guapísima!
PD. Perdona por no haberte publicado antes, es que blogger tenía éste y otro mensaje secuestrados.
El hecho de que gente a la que no conoces mucho te cuente sus problemas y confidencias buscando en ti una aliada, una ayuda o una oreja agradecida, significa mucho. Implica que ofreces confianza.
ResponderSuprimirEso es bueno hasta cierto punto, como tú dices, te ofrece información y una visión más amplia del mundo, y te hace sentir útil, pero también hace que te impliques en exceso, que empatices y que eso te pueda afectar mucho a nivel emocional.
Y es que, "bastante tenemos con nuestros problemas como para cargar con los de los demás". Sin embargo, hay gente más sensible a la problemática ajena. Tú pareces ser de ese grupo.
La verdad es que está todo fatal. Los tres casos que cuentas son verdaderamente tristes, no me extraña que te conmuevan y te hagan pensar. Gente joven, con familiares a su cargo, com problemas, y con un horizonte profesional bastante negro.
La crisis está haciendo mucho daño a muchas familias.
El caso 1 me ha resultado especialmente familiar, ya sabes. Profesión, situación laboral poco estable, pareja en la misma situación... Aunque lo que me ha entristecido realmente es lo del niño enfermo.
Eso ya supera y eclipsa cualquier otro problema. Es un verdadero drama. El sufrimiento de un niño pequeño simplemente no debería suceder. Todo lo demás se puede soportar, se puede arreglar, pero eso es tan injusto!
Ojalá las cosas se arreglen para esta madre coraje.
También para el padre coraje del caso 2. Ojalá encuentre un horizonte profesional prometedor, aunque sea lejos de su hija.
En cuanto al caso 3... No sé qué decirte, también debe de ser duro. Y también para ti. No deberías ser tú quien diera la cara en estos casos. Me parece injusto.
En fin... Me quedo sin palabras al leer casos así. Y pienso que estoy mejor de lo que creo, que no debería quejarme por nada, porque hay gente que lo está pasando realmente mal. :(
Besos y ánimo.
Jeje, no sé yo si ofreceré demasiada confianza... Imagino que depende de la persona. Aunque, sí, hay quien tiene cierta visión de mí que se corresponde con alguien “confiable”.
Suprimir¿Me implico a nivel emocional con los problemas de los demás? No sé hasta qué punto. Lo que tengo claro es que no quiero ser una bruja ególatra que va a su puñetera bola, a quien sólo le interesa lo que le pase a ella. No quiero ser una ombliguista que no conoce el significado de la palabra solidaridad si no es en “grandes obras”. Y, por supuesto, tampoco quiero convertirme en una persona acomodada, a quien la suerte le sonríe, por muy mal que lo haya pasado en otros momentos, y que se obsesiona con que los demás (amigos, conocidos, e incluso gente anónima) son responsables de su posible infelicidad o insatisfacción. Como es el ejemplo número dos y de tantos otros... Su situación laboral es buena, si se marcha es por elección propia.
Los casos son muchos, porque veo a bastantes personas a lo largo del día. Pero la idea era poner tres ejemplos distintos de una misma situación. La familia acomodada que ven venir al toro, el aburguesado al que le da mal rollito tanta cara larga y no le apetece comprender la problemática de los demás, y la mujer de mediana edad sin estudios y sin esperanza de salir de donde está.
Gracias y más besos.
Anonadado me has. Filóloga, libróloga, estudióloga y ahora pepsicóloga!!
ResponderSuprimirMe parece muy duro tener que estar a ese lado del teléfono/mail, yo soy de empatizar rápidamente con la gente y creo que llegaría hecho polvo a casa más de un día (si le sumo el resto de tu entorno, creo que todos).
Cada uno tiene su parte de razón, cada uno pensamos que "estamos peor que" o que "hacemos más que". Perspectivas como dices.
El caso 1 me parece estremecedor porque lo de los niños a mí ya sabes que me toca la fibra especialmente, pero si le quitas el componente sentimental es un drama que ya viven muchas familias y que no tiene pinta de tener una solución a corto plazo.
El caso 2... pues es cierto que ir por la calle viendo caras largas es contagioso pero si no estuviera acomodado me gustaría ver la suya para poder decirle, sonríe, no contagies tu humor de mierda al resto que tenemos ganas/motivos para sonreír. Aún así comprendo parte de lo que dice porque hay un porcentaje de gente que espera que su vida se solucione por mandato divino y eso, lamentablemente, no pasa.
Y el caso 3 pues otro suma y sigue, gente en situaciones complicadas, sufriendo lo indecible para acabar el mes y abocados a trabajos mal pagados por falta de formación o de oportunidades (hay mucha gente con formación en trabajos mal pagados pero que los necesitan para sobrevivir).
No te envidio el puesto lo más mínimo, ya te digo que lo de aguantar penas a mí me mataría.
Besos, ánimo y muuuucha comprensión.
Jajaja, Alejandro, siempre he sido más chica Cocacola. Será porque un familiar trabajaba para esta empresa y nuestra infancia ha sido blanca con letras rojas...
SuprimirLo gordo es que no es tanto por teléfono o por mail, que también, sino en persona. Veo sus caras.... a veces, hasta emocionarse.
Yo soy más de “estoy mejor que muchos, pero no tan bien como merecería estar por los esfuerzos y sacrificios que he dedicado”. Soy más de “este es mi momento y me lo están robando”.
El caso 1 es triste, para mí, por lo del niño. Además, ella es un encanto conmigo. Me hace mucha gracia, porque me dice “¿Ves? Es verte o escucharte y me das una paz...”, cuando ella es de las personas más calmadas que pasan por allí.
En el caso 2... has hecho trampas, he de decirte, por el bien del fairplay. Tú ya sabías que me molestó mucho lo que dijeron, tanto él como el “coro” que le daba la razón. Así que tengo que estar contigo en todo lo que comentas sobre este punto. De hecho, es que no soporto esas muestras de egoísmo e insolidaridad.
El caso 3 es el típico ejemplo REAL de personas abocadas a seguir siendo las abejas obreras de las que se alimentan algunos privilegiados de matrix.
No, yo tampoco me envidio el puesto, jejeje. Pero, bueno, no todo son penas... o, por lo menos, a mí no me gusta verlo así. Sino que busco sonreír a los demás para que ellos me devuelvan esa sonrisa perdida. Intento tomarles el pelo, para que ellos se rían y me hagan más agradable el tiempo que tengo que padecer en mi puesto no-envidiado.
Graaacias! Muaks!
Es curioso ver como las personas tienen ese radar para percibir aquellas personas que son capaces de escuchar, da igual si comparten o no sus ideas,( el caso dos es para enmarcarlo)pero si saben detectar la empatía y eso les anima a hablar de temas personales que en ocasiones no comparten ni con sus seres más próximos. Además tal como está el patio no me extraña nada que encuentres tantas perspectivas
ResponderSuprimirUn besin
Sí, jajaja, el caso dos es tan típico... por desgracia. La cosa es que tú preguntas qué tal y el personal se lanza a contarte sus problemas. Y, oye, a mí me gusta escuchar, compartir inquietudes y desvelos con aquellos a quienes aprecio, me importan o, de alguna manera, valoro. Y si puedo, ayudar en todo lo que sea posible. Pero creo que va mucha diferencia entre eso y ser una ONG, más que nada porque yo lo hago gratis y sin subvenciones.
SuprimirA cambio, por parte de algunos de los que pasan por allí, si falto unos días por un catarro, obtengo abrazos y buenos deseos.
Besos!