A veces, el género implica ciertas circunstancias y, sin saber por qué, muchas nos encontramos en situaciones ligeramente... diferentes. Porque hay cosas que no se prestan, ni se cuentan, ni existe mejor comprensión que la de la solidaridad...
***
Más animada que en todo el día, 53 abre su bolso.
—¡No me lo puedo creer! ¿Dónde está mi barra de labios? Ay, yo sin mi pintalabios no soy nadie.
25, muy seria, le lanza una mirada a 30, que se hace la loca como puede para que no se le escape la risa. Dado el panorama laboral y las intrigas interpersonales y económicas que se dan en ese entorno concreto, 25 y 30 tienen una especie de pacto tácito para aparentar un trato casual, eso incluye nada de gestos ante los disparates ajenos.
—De verdad, a que voy a tener que volverme a casa —continúa 53, mientras revuelve en el bolso—. ¡Necesito un pintalabios!
—Bueno… seguro que
El Corte Inglés sigue abierto —30 intenta ofrecer una salida que no implique su
gloss por ninguna parte.
—¡Qué dices! Me vuelvo a mi casa antes que comprarme uno ahora… Ay, y mi chico esperándome. Es que voy a necesitarlo varias veces.
De pronto, aparece la barra de labios y 53, más contenta que unas pascuas, se va al baño.
—Ésta quería que le dejáramos uno —dice 25, en susurros.
—¡Vamos! Ni locas... menudo asco.
—Y ya con lo del novio... casi vomito.
***
Te bajas del coche, calzando las gafas de sol porque no te ha apetecido nada pintarte la pestaña, y pasas a recoger a tu madre. Al ir, de nuevo, camino del coche, os cruzáis con una señora que te suena de algo, pero ni idea de quién es.
—¡Hola! —te dice la mujer.
—Hola —le respondes, sonriente, pensando que debe de conocer a tu familia e, incluso, a ti, pero tú no la sitúas.
—Qué guapa... —le dice a tu madre.
—¿Quién?
Mamá, yo también te quiero.
—Ella, ¿es tu hija?
—Sí.
—Pues es tal. Tan pascual y tan lo de más allá. Y mira qué eso tiene.
Qué vergüenza... qué vergüenza... Vámonos de aquí.
—¿Has visto? —Tu madre no cabe en sí—. Y la tuya también es tal.
—Bueno, pero no tanto, como está un poco lo otro.
¡Será cabrona! Y la pobre chica sin saber lo que va diciendo su madre de ella por ahí.
—Eh... me voy a ir a por el coche, ahora vengo. ¡Hasta luego!
—¡Adiós, adiós! Sí, sí, eso dice, que está tan contenta de haber nacido en otra época, porque ahora está el mundo muy mal. Ellos son unos */$%$& y ellas, unas %(/&/#€#.
¡Toma yaaaa!
***
—¡Ay! Espera un segundo... Es que, al abrocharme —le dices a tu amiga, mientras te subes la cremallera de la cazadora—, esto me aprie...
—¡Se te desabrocha el sujetador!
—Sí, algunas veces, eso también... Pero, de fijo, se me caen los tirantes.
—¡A mí me pasa mucho!
—Pfff, pues es incomodísimo —le respondes, al tiempo que vuelves a colocarlos, medio cabreada.
—¿Qué quieres? Es el precio de estar tan buenas... —te anima, sonriente.
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| Mi gloss y Clive Owen |
—Mira que me gusta
George Clooney, pero... aquí no sale nada bien —dice 30.
—Ay, no, no... —53 necesita expresarse al respecto—. Yo es que siempre he sido del estilo de
Brad Pitt, ¡dónde va a parar!
—Nnnn... A mí, por supuesto, ninguno de los dos.
—Claro, 25, como estos son de los que se duchan... —Sí, eres mala—. Pero es que a
Johnny Depp no le dejaron entrar este año, por medidas higiénicas.
—Bueno, bueno, bueno... —53 ha descubierto la publicidad de la contraportada— ¡Prefiero al moreno éste!
—Ohhh,
Clive Owen —se oye un coro de voces femeninas.
—Pero
Brad Pitt, en la de romanos —sigue 53—, ¡sale
pa comerle
to!
—Decid lo que queráis, pero sigo diciendo que Brad Pitt estaba estupendo haciendo de Aquiles.
—¿En Troya? —Ha aparecido 34 y, muy desinformado, opina—. Hizo una interpretación buena, pero tiene trabajos mejores, tanto en comedia como drama.
***
—Anda ya... eres una exagerada —te dice X, partido de la risa.
—No, no, hablo en serio. Pero, vamos, tú mismo... Estás avisado.
—No me lo creo.
—Espera y observa. ¡E!, ven un segundo.
—¿Qué? —os pregunta E.
—Si yo te cuento que el otro día F me aprisionó contra la pared y me metió la...
—¡¡CALLA!! —grita E, mientras se tapa los oídos—. ¡No me cuentes esas cosas que luego me las imagino!
—¡Qué mentes tan calenturientas! —dice X.
—No, no... —intentas defender vuestra postura—, es cuestión de visualizar... sin querer. Si me dices que te han dado un pelotazo en las costillas con una bola de hockey ese al que juegas, enseñándome la marca con redondelitos que te ha dejado porque tiene unos orificios, ¡yo veo la pelota! Hasta me la imagino naranja fosforita, no sé por qué.
—Eso es una cosa, pero imaginarte a la gente follando, ¡es otra cosa!
—Es lo mismo —interviene E—. Yo no lo puedo evitar, así que pido a los demás que no me cuenten esas cosas... y, desde luego, tampoco doy detalles de si mi novio me hace o yo le hago. ¡Nunca!
—Y si eso es asqueroso... —continúas—, la cosa se complica cuando ves a esa persona y te entra la risa, porque te lo imaginas... jugando al hockey. ¿Cómo explicas que te estás partiendo en su cara?
—Hablando de hockey, no quiero saber cómo llegaste a verle la marca esa en las costillas.
—Porque estábamos hablando de pelis guarras... —dice X, con maldad, divertido.
—¡CALLA! —repite E.
***
¿Alguien se anima a contarnos alguna de estas situaciones?